- ¿Sigues pensando que todo lo qué has hecho ha estado bien hecho?
- Lo sigo pensando, me visitaste una vez y lo haces de nuevo… ¿acaso crees que no sabía que algún día volverías?
- No, no lo dudo. Estaba claro que más tarde o más temprano volvería para hacerte examen.
- Ya lo sabía y lo que dije hace unos años me reitero, no me arrepiento de nada de lo que hecho, nada de lo que hago y de nada de lo que haré, porque todo lo que haga será lo correcto en el momento que sea, pues así lo mandarán las circunstancias…
- ¿Y el daño infrigido?
_ Lamento mucho el daño que haya podido infringir en estos años y en esta vida, quien me conoce sabe bien que no lo hice con intención, sino evitando un mal mayor.
- Te escudas en excusas vanas.
- No me escudo, ni son excusas, tan solo te respondo a lo que me cuestionas. Todo es fácil verlo desde la perspectiva del pasado, cuando en el instante que aconteció todo fueron dudas. Y si vienes por mi alma… Tarde llegas, porque ya le tengo vendida.
- ¿Vendida?
- Sí o más bien diría que regalada, porque para vender tienes que esperar algo a cambio y aunque mucho me dieron no fui yo quien le puso precio.
- Me hablas de cosas de las que la última vez que te visité no me contaste nada.
- Porque muchas cosas han pasado desde aquel día y si algo tengo claro que no soy el mismo y ni siquiera lo es la vida, ni tampoco tú, muerte.
- ¿Ah, no?
- No, por que no te temo y menos aún cuando todo lo he conocido, y ahora en mi lecho moribundo esperando tu guadaña certera me recreo en verte desconcertada, me esperabas solo, cascarrabias y miedoso de tu llegada, me encuentras altanero, acompañado y feliz de tu venida. ¿No merezco acaso morir así?
- Simplemente mereces morir.
- No me importa eso nada, pues tu llegada estaba clara en cualquier momento de mi vida, viniste una vez y me dejaste seguir, pensado que no era enemigo de tu guadaña, que llegaría por mi propio pie a ella misma, pero te equivocaste. Me dejaste encontrar la sangre que ha bombeado mi corazón desde tu última visita, me has dejado encontrar la señora a la que servir como lacayo, me has dejado descubrir partes recónditas de un corazón que se me apaga y que no me queda lugar por explorar, me diste tiempo para descubrir los besos, las caricias, las noches, las estrellas, la luna… Tú me lo has dado todo, y por eso anhelaba tu visita, para darte las gracias, por haber tenido en estos momentos de quien despedirme.
- Me quebrantas el maxilar inferior con tu historia. Ya caja y déjate de sandeces, que esta visita se está alargando ya demasiado, deja que te rasgue el pecho con mi guadaña y te robe lo poco de persona que te queda.
- No encontrarás nada que robar, pues todo mi interior, entregado está.


[...] Jesús Rocha [...]
Por: dialogo con la muerte. Jesús Rocha « TEMAS y TÓPICOS. Proyecto de investigación (09-10) el 18 Noviembre 2009
a las 19:52