Ayer escribí tu nombre
tras las estrellas del cielo,
ni una sola brillaba
como tus ojos sinceros.
Tras las estrellas del cielo
solo había el infinito,
como detrás de tus ojos
me quedo siempre perdido.
Dejé en las costelaciones
cada uno de los versos
marcados con letras nobles
para lectura en el tiempo.
Ni siquiera los astrónomos
lo podrán interpretar,
pasaron miles de años
para esas letras tratar.
Me subí hasta las estrellas
para poder encontrarte
puesto que en la soledad
con el cielo te marchaste.
Y ya se que no te gusta
que me quede pensativo
cuando buscas los luceros
y yo sigo mi castigo.
¡La condena me consume!,
y aún así esas estrellas
siguen cantando los versos
que alaban a mi doncella.
¡Que clavada va en su sangre
de blanco polvo estelar,
esa palabra bendita
que amor me hace suspirar!
Así va la vida…
Jesús Rocha

