Tan herido por el oso
tras esa fiera batalla,
me abandono a la gran muerte,
que tiernamente me abraza.
Me derrumbo ante sus brazos,
ya no puedo y ni quiero,
seguir una lucha absurda
que va directa al destierro.
Nadar a contracorriente
algo más de un siglo entero,
termina por agotarte
derrotado en el sendero.
Dulce sonido tu voz,
muerte que fiel me recoges,
preludio de ese descanso
que me tienes y me escondes.
Tanto luchar para nada,
no existe la libertad,
después de saltar el muro,
solo había oscuridad.
Así va la vida…
Jesús Rocha
