Mirame, Elizabeth,
hunde en mi piel tus suspiros,
clava en mi espalda tus uñas
y susúrrame al oído.
Bésame mil veces más,
di te quiero sin sentido,
y bésame como sabes,
como si fuese un delito.
Y clávame la pupila
durante cientos de siglos
y acompaña la sonrisa
de murmullos con sigilo.
Y déjame que te mire
eternamente cautivo,
de tus besos y tus labios
porque son por lo que vivo.
Ámame como yo te amo,
uniendo nuestros destinos,
sellando nuestro hermoso amor
con esos besos benditos.
Hoy doble ración, cariño mío. Mil besos.
Así va la vida…
Jesús Rocha
