Me levanto hoy, miércoles Santo, con el sabor en los labios del trabajo bien hecho, después de haber paseado a mi Santa Madre, Nuestra Señora de la Encarnación de la hermandad de San Benito sobre mis hombros costaleros. Un espléndido Martes, de
luz y color, como esos martes que tan solo recuerdo en mi memoria, porque no hay imagen más hermosa que ver como el manto de un palio se pierde a los sones de las marchas, esas marchas que tienen un sabor especial a más cofrade aún si cabe. No hay nada más bonito que ver un manto bajo el reflejo de la bambalina, mientras las borlas entran y salen al compás de las marchas como Encarnación de la Calzada, Encarnación Coronada o Palomita de Triana. Que no hay mayor verso que escuchar el rachear una zapatilla por la calle Francos, mientras en la estrechez al compás de la palillera se mecen levemente las bambalinas entre balcones, entre olor incienso y luces de cirios, sólo eso es lo mejor que puede haber en Sevilla. No hay mayor alegría, que tomar aire hinchando los pulmones, cuando el capataz dice aquello de… ” A esta é” Y tú… tú saltas hasta el cielo con la virgen sobre tus hombros, esperando que le de un beso a su hijo Jesús que la espera en el cielo, con aquellos que se nos fueron. Ya todo se ha cumplido…casi todo…solo queda un año para volver a pasearla por Sevilla, como si por el mismo cielo la paseáramos…. Tranquilo Sevillanos, que muy pronto estaremos una vez más con ustedes, mi madre y yo, yo y mi madre.
Así va la vida….
Jesús Rocha.
Fotografía: Mayte Muñoz ©

